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Actualidad de Atlantic Avitaillement

Pesca de atún en el Océano Índico – Reportaje

La captura del atún en el Océano Índico

Bertrand Demée, a bordo del Bayota, de la compañía naviera de Concarneau, la Cobrecaf, nos explica esta captura tan particular que se vive en el medio del Océano Índico.

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Las Seychelles …

Este es, sin lugar a dudas, un nombre que hace soñar. Pero lejos de los clichés de vacaciones, una pequeña cantidad de nuestros compatriotas bretones viven, año tras año, la aventura de la pesca del atún en la isla de Mahé.

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El puerto de Victoria

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puerto-de-victoria-1La capital del estado insular de las Seychelles (en el noreste de Madagascar), ubicado en la isla de Mahé, tiene cerca de 70.000 habitantes, que hablan criollo, francés e inglés, Es justamente aquí, en los muelles de Victoria, que la compañía Cobrecaf de Concarneau instaló sus naves entre 1981 y 1982.

 

¡Finalmente tierra! Después de unas diez horas de vuelo, en el suelo de este minúsculo aeropuerto. Una treintena de personas salen del avión. Ya estoy calculando el tiempo de espera, pero… ¡Sorpresa! A pesar de la indiferencia de los aduaneros, los trámites se terminaron rápidamente. « ¡Bendición! ¡Hacia el puerto de pescadores! » – Son 100 rupias (unos 115 francos). ¡Cien rupias para unos 10 kilómetros! ¡Demasiado caro!

Seychelles, aeropuerto de Victoria, 24 de enero, 11 h 15.

Opto por el bus y el cambio de carril; aquí, en las Seychelles, se conduce por la izquierda. Un gesto con la mano, tres rupias. ¡Y salimos!

Mientras que la mayoría de los habitantes de la isla parecen estar dormidos, como anestesiados por el calor, en los muelles del puerto de Victoria no hay lugar para el ocio. Cruzo la mirada de los estibadores. De las Seychelles de pura cepa que, con la frente goteando de sudor, permanecen impasibles al calor y al « blanco » que está pasando. Una mezcla de sonidos y olores, de movimientos y colores. Se cruzan diversas nacionalidades. Españoles. Japoneses, coreanos y … bretones, todos se sienten atraídos por un único objetivo: la pesca del atún. Tengo una cita con Patrick Botineau, el coordinador de Cobrecaf. El hombre está muy ocupado. Con 20 edificios bajo su mando, su horario está especialmente cargado.

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Pero, entre bretones…El Bavota nos espera. Este atunero tiene presencia, aunque tiene sus años. La historia de este barco es a semejanza de la de su capitán. André Le Bloa. El hombre tiene un sólido pedigrí. En los años 50, embarcó como grumete con 16 años en una nave con base en Dakar.

Puerto de Victoria, 24 de enero, 15 horas.

Aquél a quien a partir de ahora llamaremos Dédé viviría el inicio de una gran época, la de la pesca de atún a lo largo de las costas africanas. Desde entonces, Dédé ha visto mundo: treinta y cinco años de pesca, diecisiete de los cuales como capitán. En cuanto a la historia de esta pesca, se ha desplazado para escribirse desde el inicio de los años 80 desde el otro lado del continente africano, en el Océano Índico. Mientras tanto, mi presencia en el puente es intrigante. En mis idas y venidas repito mi identidad y me presento a la tripulación, formada por una veintena de tíos, más fuertes que ocho bretones. Todos se ponen manos a la obra. Han « llenado el depósito ».

Lo han llenado de gasóleo, pero también de provisiones, de agua y de sal. La campaña de pesca durará de cincuenta a sesenta días. Serge, el jefe de mecánicos. Jean-Pierre, su segundo, y Morgan, el técnico de refrigeración, se pasarán una parte de la noche cambiando un rodamiento del motor.

Puerto de Victoria, a bordo del Bayota, 25 de enero, 7 horas

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En su familia, son marinos de padres a hijos. Visto desde fuera, el hombre es hablador, impulsivo, con mucha labia. Pero visto desde dentro, el tipo tiene sin duda un corazón de oro. En relación con la pesca de atún, no tiene freno hablando de este tema. Decodificación. Existen dos tipos de atún: la albacora (de 40 a 60 kg para 1,5 m de longitud) y el listado, más pequeño y con el vientre rayado. Las bodegas del BA pueden contener entre 500 y 1000 toneladas de pescado. El éxito de una campaña de pesca depende del éxito de los lances de red, esta inmensa red de 1500 metros de longitud (por 210 metros de caída o profundidad) que rodea el banco de atunes, llamado « mata ». Igualmente, es necesario estar bien atento para encontrar a los atunes. Allí es donde están todos los problemas. Los hombres del Bayota emprenderán una verdadera caza.

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La pesca al cerco necesita una paciencia infinita. Mirando fijamente al océano, en lo alto de la cofa (un tipo de mástil – torre de vigía de 18 metros de altura), el hombre de guardia puede estar horas, o incluso días o semanas, sin avistar los bancos de atunes.

 reveille-fanfare-1 Despertar espectacular

La sirena de niebla del Bavota escupe todo lo que tiene en el vientre para recordar a los rezagados la orden de embarcación. Rumbo al Océano Índico. La embarcación se aleja dejando atrás la agitación del puerto y estos paisajes de postal idílicos. En menos de una hora, el agua se extiende hasta perderse de vista, imponiendo su frescor agradable y este ritmo propio del océano. Poco a poco, la vida se instala a bordo.  Se han definido y atribuido los papeles, hay un calendario de guardias bien establecido. Todos tendrán que respetar este plan de vuelo. No es fácil tomar los puntos de referencia y fundirse en el universo del Bavota. Joêl, el contramaestre, examina las noticias de un viejo telegrama de Brest. Él es el arquetipo de marinero bretón.

Dédé, en la cabina

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Parece estar dotado con una visión múltiple que incluye al mismo tiempo el horizonte, el radar de viaje y el « radar de pájaros ». Que nombre más bonito, el dado a este aparato surgido de la tecnología japonesa, la tecnología más novedosa, desarrollado hace una decena de años. Este tipo de radar detecta a los pájaros a más de 20 millas de una nave. Y, para un marino pescador del Océano Índico, la presencia de aves se traduce a menudo por la presencia de un banco de atunes. A esto hay que añadir un oído hipersensible a las mínimas observaciones de la tripulación y el nervio auditivo de Dédé, entonces, se pone en alerta máxima. El micrófono crepita. Jacques, el segundo de a bordo, ha detectado restos. Le damos caña. En mi opinión, simplemente se trata de un extremo de un tubo verde que flota siguiendo las corrientes.

Dédé vigila con los binoculares (Fujinon 25×150 MT-SX)

Bayota, 30 de enero, hacia el mediodía

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jacques-mollero-Pero a bordo, incluso si la pesca con bancos de peces es más deportiva, se está lejos de desatender la pesca de restos: se ha visto como se tiraban más de 250 toneladas de atún bajo un « chisme flotante » como este. Esta vez, será inútil demorarse. Los pocos minutos que han pasado han sido suficientes para que el sonar detectara, bajo la minúscula sombra producida por el tubo, diferentes especies de peces. Pero no una cantidad suficiente de atunes. No ha habido éxito, nos vamos. Se sigue con la vigilancia, pero la moral de las tropas está intacta. Saben muy bien « de qué va el cuento ». A la espera de que el santo patrón de la pesca quiera hacer un guiño a la tripulación del Bavoro, doy noticias de Nevez, Trégunc, Concarneau, Lorient… Me escuchan atentamente, ya que hace más de cien días que los bretones han dejado su país.

Océano Índico, Bayota, 28 de enero.

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Nada… Nada más que el ritmo lento de la espera. La pesca al cerco necesita una paciencia infinita. Mirando fijamente al océano, en lo alto de la cofa (un tipo de mástil – torre de vigía de 18 metros de altura), los hombres de guardia pueden estar horas, o incluso días o semanas, sin avistar bancos de atunes o restos. ¿Un resto? ¿Qué tienen que ver con los atunes? Respuesta: la carnada. Cualquier resto, aunque sea un bidón o un trozo de madera flotando encima del agua, produce, con el tiempo y la acción del agua, carnada. Esta carnada, una sustancia planctónica y microbiológica, atrae a los pececitos, cuya presencia atrae a otros, más grandes… ¡Como los atunes!

Bayota, 30 de enero, hacia el mediodía

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jean-pierre-rolland-1La radio crepita. Es el gran Serge, capitán del Kerguelen y ex-segundo de a bordo de Dédé. Ambos son buenos amigos. Habla en la VHF común. Serge está harto, harto de no encontrar sus almadías – restos tirados para su plan de pesca hace unas semanas. Durante una campaña de pesca, la mayoría de los mandos disponen en el agua una cierta cantidad de restos artificiales con una boya emisora y una baliza Argos.

Desafortunadamente, y a pesar de todas las precauciones de uso, la competencia a menudo se da cuenta de la presencia de estos restos enemigos. El primero que se encuentra por la zona se aprovecha de ello, lógicamente y sin información previa. ¿Qué pasa en este caso en concreto?
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El capitán intenta lanzar la red o bien « atrapa » su baliza y coloca la suya, esperando el momento oportuno. Nunca vista… pero bien conocida, esta práctica de piratería ha demostrado su eficacia, desgraciadamente. Serge y Dédé entablan una pequeña conversación. Hablan de unas y otras cosas, sin revelar nada de su táctica de pesca: las ondas tienen oídos y los espías están escuchando.

Bayota, cabina, 31 de enero, 6h 30

Los amaneceres en el Océano Índico no dejan indiferente. Majestuosidad del infinito, pequeñez de nuestras vidas, que van y vienen sobre la inmensidad del mar. A veces, aparece una isla…en el radar de la ruta.

morgan-rolland-1El radar es el instrumento clave de la cabina. Con una imaginación fértil se puede comparar la información que aparece en la pantalla con un amplio campo de batalla. Desde la identidad de los barcos a su posición, de las compañías que representan -de la competencia o amigas- al capitán que han elegido, de las balizas que uno mismo ha puesto en sus propios restos artificiales… No se le escapa nada.

 

 

Bayota, 31 de enero, 21 horas.

Después de la cena, viene el momento que toda la tripulación espera: la película. Cada hombre de la tripulación embarca sus cintas y durante dos horas los espíritus vagabundean por las historias y argumentos.

 

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En la cubierta reina una atmósfera de quietud, un momento sin edad.
Yao explicaEs de la Costa de Marfil e hijo de marinero. Solo sueña en una cosa: comprar un bote y vivir de la pesca en su país, la Costa de Marfil. Antes de ir a parar a los brazos de Morfeo, nos quedamos para hablar sobre cómo navegan los marinos africanos con la ayuda de las estrellas.

El Bayota, como todos los atuneros, es un barco especializado en la captura de bancos de atunes con una gran red llamada cerco. El cerquero se distingue de los otros barcos de pesca por su cofa, una especie de puesto de vigía en la parte alta de la nave.

Bayota, 1 de febrero, 10 h

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bayota-10-h-1Nada aún. Ni el más mínimo barboteo de agua que revelaría la presencia de un banco de peces. Solo el océano y los rumores sonoros de una tripulación al acecho. En la cena, toda la tripulación me interpela. Me hacen preguntas. ¿Evocaré los problemas relacionados con la pesca? La formación de los contramaestres nuevos, la buena relación entre los capitanes de la competencia, los precios del pescado a la baja… En pleno Océano Índico, igual que en los muelles de Concarneau, el tema preocupa a los hombres.

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En la cubierta reina una atmósfera de quietud, un momento sin edad. Yao explicaEs de la Costa de Marfil e hijo de marinero. Solo sueña en una cosa: comprar un bote y vivir de la pesca en su país, la Costa de Marfil. Antes de ir a parar a los brazos de Morfeo, nos quedamos para hablar sobre cómo navegan los marinos africanos con la ayuda de las estrellas.

 

 

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Patrick Bottineau. Es el hombre clave, el enlace entre Concarneau y Victoria. Coordinador por cuenta de la Cobrecaf, tiene bajo su responsabilidad la integridad de la flota de Concarneau con base en las Seychelles.

¡Sorpresa! ¿?

autre_thoniers-1Por el ojo de buey de la sala común distingo tres naves: una española, el Kerguelen de Serge y una tercera, que no puedo identificar, ya que está muy lejos. Hay un banco de peces en juego, aún no hemos entrado en la carrera, pero los espectadores están muy atentos: el Kerguelen, enfrentado con los españoles, lanza su red. Pasan algunos minutos… Demasiado tarde, el banco de peces, más rápido, se sumerge. Entonces se vuelve a entrar en la carrera, observo las operaciones desde la torre de vigía. El español, más potente, nos impide el paso. « es David contra Goliat », suelta Dédé, que se enfrenta rápidamente y, con una hábil maniobra, nos vuelve a acercar al banco de peces. Goliat abandona.

cuve-bayota-1Bayota dispone de 16 tanques de congelación, que suponen un volumen de 1250 metros cúbicos, y que permiten almacenar más de 800 toneladas de atún.
David, también, después de algunos intentos infructuosos. Tenemos las piernas demasiado cortas para atrapar a este maldito banco de peces. Desde la cabina, el capitán se siente decepcionado. Pero esta incertidumbre constante hace que la pesca de atún sea apasionante. « Una vez, vi seguir a un banco de peces desde las 8 de la mañana a las 18 h de la tarde; a menudo no he logrado abandonar el trozo, aunque a veces la carrera fuera demasiado rápida, pero la obstinación de Joël se ha visto recompensada: a las 18h, el lanzamiento de la red ha dado 100 láminas grandes.

andre-le-bloa-a-1André le Bloa

Capitán del buque, empezó su carrera de marino a la edad de 16 años en una nave con base en Dakar. Desde entonces, Dédé ha visto mundo: treinta y cinco años de pesca, diecisiete de los cuales como capitán.

Bajo el calor tropical,

El sol envuelve con una dulce caricia… Es la hora en que Arfang, con un cartón en la mano, hace su plegaria en el pontón. Sus letanías se dirigen a la Mcoup-de-senne-bayota-1eca. Le pregunto si los dioses están con nosotros, ríe « Si Alá pudiera escuchar nuestras plegarias », algo increíble, esta jornada fue, sin duda, una jornada con atunes. A últimas horas de la tarde, el vigía divisa unos restos. El trozo de madera hace, a simple vista, unos dos metros de longitud. La pesca es inmediata. Georges y Jean-Pierre toman asiento a bordo del esquife. Sacando la cabeza de la cabina de pilotaje, Dédé baja el brazo, el esquife se desliza por el agua y realiza un amplio semicírculo. La red de cerco cubre toda la zona de pesca, ya que es inmensa. Esta vez, la araña ha tejido su tela y capturado a su presa.

 

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La operación dura cerca de una hora, el chigre de cerco recoge la pesca suavemente. Todos se ponen manos a la obra. En la cubierta, Joël, acompañado por 10 marineros más, sube la red. Los marinos se mantienen en equilibrio sobre esta montaña de peces. Jacques y Dédé supervisan las operaciones desde el cuadro de mando. La bolsa de la red está suficientemente reducida como para empezar con el salabardo. Se disponen a soltar las 30 toneladas de peces en un colector que va a los tanques de congelación. La mitad de la tripulación se reúne en el fondo de las bodegas para clasificar los peces.

 

Bayota, 31 de enero, 21 horas.

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Desde entonces, la cena es más animada. Para todos, no es más que una pequeña lanzada de red de 30 toneladas, pero es la primera. Durante varios días, las lanzadas de red no dejarán de cargar las bodegas del Bayota. Nos encontramos a una jornada de navegación del puerto. Pronto volveremos a estar en tierra firme. La cubierta parece un hormiguero en el que todos se engalanan con prisa. En cincuenta días de mar, no habrán tenido ninguna tregua.

Isla de Mahé, 6 de febrero, madrugada.

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Tierra bajo la niebla bañada con una extraña luz anaranjada, una escala inesperada para toda la tripulación, agotada, rota, sin embargo, a lo largo de los años, de estas idas y venidas entre las Seychelles y Madagascar. Pero la magia de los lugares nunca deja de ser cautivadora, impactante. Al llegar al muelle, bajo del barco. Los pies en tierra firme. La aventura termina. Una última visita a Dédé, el único capitán casado con una mujer de las Seychelles y que dispone de una habitación en la isla, una última cena en la cubierta del Bavota, una última noche, de un viaje…

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